Grecia mostró su hartazgo. Y ahora, ¿qué?

Category: Artículo Published on 30 Jan, 2015
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La ciudadanía helena se pronunciaba el pasado 25 de enero, decantándose por Syriza y su líder Alexis Tsipras, como héroes que salvaran al país. 

Grecia lleva tiempo sufriendo. Decir que Grecia sufre es trasladar las vicisitudes a sus tan castigados ciudadanos. Su PIB cayó en los últimos años, sus sacrificios económicos han sido puros latigazos, la troika ha impuesto al pueblo heleno unas exigencias insoportables y esa asfixia ha terminado por provocar un vuelco político de dimensiones desconocidas aún. Grecia encarna el sufrimiento y la marcha atrás en los anhelos de una Europa sólida, creciente, económicamente bien armada, con unos aceptables estándares de calidad de vida. Grecia deviene, por así decirlo, en la antítesis, en el antimodelo de la Europa soñada, cobrándose un buen número de víctimas en las figuras de los ciudadanos helenos. Grecia hablaba el 25 de enero de 2015 y se pronunciaba: no queremos esos sacrificios tan brutales, no aguantamos más esas austeridades que están acabando con nuestra calidad de vida.

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Grecia cerraba 2013 con unos números complicados. Su PIB se situaba en 182.054 millones de euros y su deuda pública en 319.133 millones, con un déficit público de 23.109 millones. En el tercer trimestre de 2014, su economía pese a ir repuntando mostraba un PIB de poco más de 134.000 millones de euros, la deuda pública se había reducido un poco, hasta los 315.509 millones, y el déficit se encogía a 3.113 millones.

 

 

 

 

Cuando uno echa una ojeada a las grandes magnitudes macroeconómicas helenas, entiende el hartazgo de la población.

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Mucha troika, es decir, FMI, BCE y CE más el peso de Doña Angela Merkel; muchas reformas, muchos ajustes, mucha mano dura con el pueblo, clases medias en trance de desaparición, demasiados esfuerzos soportados y con los que apechugar en el futuro, y, sin embargo, la economía griega sigue cayendo. La evolución del PIB desde 2007 hasta 2014 corrobora los fracasos con que se salda tanta intervención por parte de la troika, tanta austeridad, tantas medidas draconianas… Si el consumo no tira, con un pueblo cuyo poder adquisitivo está destrozado, y el país no se caracteriza por la internacionalización de sus empresas que le permitiría jugar fuerte la baza de la exportación, y además las severas políticas de ajustes recortan gasto público, con inversiones desaparecidas, poco puede esperarse del PIB. De los 242.096 millones de euros de 2008, su PIB cae a 182.054 millones en 2013. Para que se tenga una idea, este PIB es inferior al de Cataluña y la Comunidad de Madrid que fueron, respectivamente, de 197.319.940 y 196.009.867 millones de euros, respectivamente, en ese año.

 

 

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Entretanto, la deuda pública griega iba en aumento, llegando en 2011 a cerca de 356.000 millones de euros. Luego vino la quita a fin de dulcificar un poco el peso de tanto endeudamiento. Grecia, cuando su economía empezó a sentir los primeros síntomas de su enfermedad, tenía una deuda pública que justo superaba el 100% de su PIB – en 2007, era del 103% -. ¿Le suena al amable lector algo parecido por estos pagos? Desde entonces, la deuda griega cabalgó…

 

 

 

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Solo contemplando los guarismos de PIB y deuda pública, hay que hacerse a la idea de que las cosas hoy no son fáciles por esas tierras, bañadas por las aguas del Mediterráneo, que fueron cuna de nuestra cultura. La necesidad de reestructurar la deuda pública – cosa muy distinta a la de no pagar, así por la cara, lo que se debe -, es la única solución para insuflar algo de oxígeno a unas finanzas públicas seriamente descuadradas.

 

 

 

El déficit público en Grecia representa otro nefasto episodio. Considerando las cifras del PIB heleno, la cuantía de sus déficits anuales es todo un torpedo en la línea de flotación de sus cuentas públicas. Eso sí, en 2014 queda patente el esfuerzo acometido para intentar enderezar la perjudicial tendencia deficitaria. No obstante, el pueblo alude a la cleptocracia, a la evasión de impuestos de potentes adinerados y hasta al no pago de impuestos por algunas familias adineradas. Todo el peso de los ajustes recae sobre el sufrido pueblo griego, sus clases medias y bajas, los pensionistas…

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Una  mirada a lo que ha sido en estos años reciente el PIB per cápita confirma una caída en picado que obviamente perjudica a la población.

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Una nueva época en Grecia acaba de empezar. Dimensiones desconocidas, presente incierto, futuro repleto de incógnitas, interrogantes en la cuna de nuestra cultura – mucho le debemos todos nosotros a la referencia que en nuestra civilización representa la antigua Grecia -, sombras que vuelven a planear sobre el euro, fantasmas a lo lejos con una posible fragmentación de la eurozona… Los episodios griegos que están por llegar pueden marcar al resto de Europa.

 

 

José Mª Gay de Liébana 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA EUROPA VULNERABLE

Europa ha sido golpeada otra vez. Dolor y preocupación al comprobar la tragedia de Bruselas y recordar los aún recientes pasajes terroristas de París. Europa, en su seguridad, se muestra frágil. Parece como si sus debilidades económicas afectaran igualmente a su defensa. Una Europa que apenas crece económicamente, carente a la vez que necesitada de un liderazgo político que le marque el camino a seguir, con sus dudas en cuanto a su propio modelo político-económico con una unión de Estados que, como demuestra la vulnerabilidad de tragedias como las de Bruselas y París, aún tiene por delante un larguísimo recorrido. Los Estados Unidos de Europa, ahora mismo, suenan a utopía. Nadie quiere ceder poder ni autoridad. Cada Estado quiere ser protagonista de su parcela. No hay unión en términos fiscales ni presupuestarios, mientras la economía europea, con la Zona Euro como referencia, vive a dos velocidades que hoy por hoy, empañan el futuro más o menos inmediato de su proyecto. La seguridad de Europa, la unida y la del euro, es precaria. Si la brutalidad de los atentados de Bruselas contagia de temores a los ciudadanos europeos cuestionándose las virtudes de una Europa fuerte, la endeblez de las autoridades europeas, la falta de cohesión entre ellas, el "cada cual a lo suyo", la ausencia de coordinación entre las fuerzas de seguridad, las odiosas políticas de austeridad, abren una peligrosa brecha en el modelo europeo al que se aspiraba. A todo ello, el inefable Donald Trump encuentra renovados argumentos para levantar muros con los que materializar las fronteras, sumando seguidores. Y nosotros, por estos pagos, andamos en funciones...

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